MATEMOS A ESTA VIEJA POR FALSA E INÚTIL.

Viendo que las tasas de alcoholismo, drogadicción y suicidios en la POBLACIÓN JUVENIL, aumentan de forma alarmante en la mayoría de países, la lectura parece ser obvia: los jóvenes están hartos de este mundo caótico que hemos construido (o más precisamente, destruido) y buscan escapar de él, estar el mayor tiempo posible desconectados de la realidad.

No son idiotas. Se dan cuenta que les queremos vender la misma vieja receta que a nosotros NO nos ha servido para eso que nos dijeron: ser felices.

Nos ven a los adultos mostrando nuestra “felicidad” en Facebook y hablándoles de cómo lograr el éxito, pero discutiendo todo el día, quejándonos por todo, atrincherados en nuestra zona de comodidad, en trabajos que detestamos y en relaciones que nos tienen desganados, alterados, tomando pastillas, enfermos… infelices.

Entonces cuando les queremos dar lecciones de vida, con toda razón nos mandan al carajo. Y se refugian en las drogas y el alcohol, o se encierran en su mundo virtual.

Y la razón principal de todo esto quizás tiene que ver con que no hemos sido capaces de enseñarles a crear UNA VIDA CON SENTIDO. De hecho, nosotros tampoco solemos tener claro qué significa eso. Y por eso les seguimos repitiendo los mismos conceptos que heredamos, y que nos mantienen en este círculo vicioso de sobrevivir, en lugar de vivir.

“La vida es dura, cada vez más competitiva”, “tienes que estudiar mucho para tener una carrera y ser alguien en la vida”, “el éxito se consigue con sangre, sudor y lágrimas”, “haciendo eso te vas a morir de hambre, tienes que seguir una carrera que dé plata”, “no hay tiempo para cosas espirituales, eres joven, estás en la etapa de producir”, “cuando tengas un buen trabajo, dinero y una familia, serás feliz”, etc.

Y nos podemos pasar 10, 20 ó 30 años diciéndonos que seremos realmente felices cuando hagamos la maestría y consigamos un ascenso, acabe la crisis, cambiemos de trabajo, encontremos pareja, nuestros hijos crezcan, terminemos de pagar la hipoteca… cuando logremos tal o cual cosa. Esperando que suceda algo para sentirnos completos. Porque bajo esos paradigmas que tenemos instalados desde niños, siempre sentiremos que falta algo.

Y CONFUNDIMOS PLACER CON FELICIDAD. Entonces tratamos de compensar -sin darnos cuenta- esa insatisfacción diciéndonos que necesitamos comprar ese vestido o ese reloj (para darnos el gusto, porque lo merecemos), cambiar nuestro auto (porque todos nuestros amigos tienen carro nuevo), irnos nuevamente de viaje (porque estamos estresados), ese celular último modelo (porque tiene una cámara de 3 millones de pixeles) y un largo etcétera.

Y nos sentimos felices… por unas horas, días o semanas. Una vez que el viaje terminó o ya nos acostumbramos a la más reciente adquisición, volvemos a nuestro estado natural de insatisfacción, de querer más. Y empezamos a buscar nuevamente los juguetes que “necesitamos” para sentirnos bien.

¿Y LO QUE REALMENTE NOS HACE FELICES COMO SERES HUMANOS?

¿Y NUESTROS DONES? Eso que nos encanta hacer desde chicos y nos dijeron que estaba bien como hobbie, pero que no se podía vivir de él. Eso que nos sale con facilidad (quizás porque para eso vinimos al mundo) y que haríamos hasta gratis. Eso que nos hace vibrar el corazón y nos puede tener concentrados, contentos, horas de horas sin que nos demos cuenta.

¿Y EL AUTOCONOCIMIENTO, EL SENTIDO DE TRASCENDENCIA? El saber quién soy, cuál es el propósito de mi vida, qué me hace realmente feliz, cómo puedo ofrecer al mundo mis talentos de modo que sean de utilidad para otras personas y encima me paguen bien por ello.

¿Y NUESTRA ESPIRITUALIDAD? Todo aquello que nos alegra el espíritu y nos hace sentir libres, creativos, humanos: el arte, el deporte, la música, los libros, la poesía, la meditación, la reflexión, la oración (sin culpa, sin pecado, eso es totalmente anti-espiritual)… la conexión con nosotros mismos, con nuestro ser.

¿Y EL TIEMPO EN FAMILIA? Reír, experimentar, jugar, pasear, conversar, compartir con papá, mamá, hijos, abuelos, mascotas. Tiempo de verdadero ocio, desconectados de celulares, conectados unos con otros. Actividades sencillas, de bajo precio pero muy alto valor: en casa, en la playa, en el parque. Momentos imborrables que construyen lazos, que hacen sentir valiosos a nuestros hijos (y a nosotros mismos) y nos recuerdan que tenemos mucho por agradecer.

¿Y NUESTRA SALUD? Porque déjame contarte que si tienes “todo” en la vida pero careces de salud, no tienes nada. Y lamentablemente muchas veces perdemos salud por estar ocupados buscando el “éxito”.

ENTONCES ¿NO SERÍA BUENA IDEA HACER UNA PAUSA Y REPLANTEARNOS ALGUNAS COSAS?

No necesitamos cambiar de vida e irnos a meditar con los monjes tibetanos. Basta con empezar a mirar hacia adentro, conectarnos con nuestros sentimientos, reconocer (con honestidad brutal) cómo nos sentimos con respecto a nuestra vida y tomar consciencia de que, si seguimos creyendo que seremos felices cuando cambien las cosas allá afuera, mejor esperemos sentados.

Y a partir de esa conexión con nosotros mismos, sabremos cuáles son esos pequeños-grandes cambios que debemos generar para darle a nuestra vida un sentido más humano, más trascendente.

Eso que algunos le llaman felicidad.

Fernando Morán Barton

Coach, Facilitador y Blogger.