Respeto y Admiro. PADRES COMPETITIVOS.

colaborativos

 

Respeto mucho a los padres y madres que exigen al máximo a sus hijos para que den siempre el 110%. Que les dicen que deben ser “el mejor” en lo que hagan. Que les enseñan que el éxito en la vida solo se logra en base a esfuerzo y sacrificio. Que los preparan (sobre todo mentalmente) para ser el número uno. Que los corrigen con severidad cuando no lo logran porque si no les exigen ahora, de grandes podrían ser unos perdedores. Ganar o morir.

 

Respeto mucho a esos padres. Seguramente de niños también fueron muy exigidos y crecieron pensando que el mundo es una jungla salvaje donde solo sobreviven los más fuertes, los más inteligentes, los más preparados. O quizás no tuvieron esa presión pero sí unos padres poco ambiciosos que lograron “poco en la vida”. Entonces se prometieron que ellos nunca serían así y lucharían con sangre, sudor y lágrimas con tal de conseguir el éxito.

 

Y esa búsqueda desenfrenada e insaciable de éxito los tiene así: a mil, tensos, muchas veces hasta enfermos. Preocupados por pagar sus cuentas, por no perder sus puestos de trabajo o quedarse atrás ante la dura competencia. Por mantener su “éxito”.

 

LOS RESPETO Y LOS COMPRENDO.

 

Pero admiro especialmente a aquellos padres y madres que en algún momento de su existencia entendieron que “ese” éxito está sobre valorado. Que el fin supremo de nuestra existencia, antes que obtener logros y dinero, es ser felices. Y que el verdadero éxito en la vida no pasa por ganar siempre y a toda costa, sino por llevar una vida con sentido.

 

Admiro a esos padres que les enseñan a sus hijos la verdadera clave del éxito: hacer las cosas con amor, con pasión… incluso aquellas que no les agradan, porque además de ser inevitables, son un paso necesario para crecer, para acercarse a cada meta. Y por eso los alientan a intentarlo y equivocarse, a experimentar, a cometer errores, a ser más colaborativos y menos competitivos.

 

Admiro a esos padres que les dicen a sus hijos que la competencia es parte de la vida, pero se puede competir con respeto, viendo a los “rivales” como seres humanos y no como enemigos. Y que siempre, en toda circunstancia, los valores fundamentales de honestidad y respeto por la vida, por los sentimientos de cada persona y por el planeta, están mucho antes que cualquier resultado.

 

Me encanta escuchar cuando un papá o mamá le dice a sus hijos que no se crea el cuento de que el éxito es ganar mucha plata o tener una carrera prestigiosa, sino elegir desde la vocación, desde el talento, desde el corazón. Y que justamente haciendo eso se multiplican las posibilidades de disfrutar una vida no perfecta (eso no existe) pero sí con mayor satisfacción, con paz… incluso con prosperidad.

 

ADMIRO MUCHOS A ESOS PADRES. Principalmente porque están formando niños menos estresados, más libres y creativos. Que se convertirán en adultos íntegros, más saludables y felices, más alineados con sus valores, más realizados.

 

Algo que también podríamos llamar… éxito.

 

Tengan un gran fin de semana!

Fernando Morán Barton.