¿CÓMO LLEGUÉ HASTA AQUÍ?

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En mi casa no era algo usual ver a alguien leer un libro, así que empecé a cultivar el hábito de la lectura recién a los 21 años, cuando una amiga me prestó “El amor en los tiempos del cólera”, de García Márquez. Desde esa vez no paré de leer todo cuanto llegaba a mis manos, principalmente novelas, literatura universal.

 

Pero en 2007 un amigo me recomendó un libro relacionado con el éxito financiero: “Padre Rico, Padre Pobre”, de Robert Kiyosaki, y todo cambió. COMENCÉ A LEER LIBROS, ARTÍCULOS Y VIDEOS que me fueron llevando luego a otros temas como pensamiento positivo, la ley de atracción, crecimiento interior, etc.

 

Vale la pena retroceder un poco para contarles que tuve una juventud algo desenfrenada, de pésimos hábitos alimenticios, cigarro, alcohol y juergas. Y ya casado, extendí ese estilo de vida desprolijo y eso lógicamente me causó cientos de problemas con mi esposa, algunos con conato de separación. Fue el nacimiento de mi primera hija lo que me hizo tomar consciencia de la necesidad de cambiar. Pero aunque me lo propuse mil veces, no lo lograba. El apego por los excesos era más fuerte que yo.

 

Para ese entonces, además de obsesionarme con el desarrollo personal, empecé a asistir durante dos años a una iglesia cristiana evangélica con la esperanza de que me ayude a cultivar esa espiritualidad que tanto necesitaba. Pero aunque valoro y agradezco esa etapa de mi vida, tampoco fue el detonante del cambio.

 

Seguí con mi búsqueda. Fueron tantos y tan buenos los libros que la vida me iba presentando, que sentía que no podía guardarme esa información valiosa solo para mí, así que comencé a recomendarle insistentemente esas lecturas a mis familiares y amigos más cercanos. Y al no sentir receptividad de parte de muchos de ellos, me comencé a frustrar. No podía entender cómo es que no valoraban ese tesoro que podía transformar sus vidas.

 

Y FUE ASÍ COMO APARECIÓ EN MI MENTE LA IDEA DE ESCRIBIR UN BLOG. “Si a ellos no les interesa, estoy seguro que a otras personas del mundo sí”, pensé. Desde aquella vez vengo soñando con este momento. Pero ¿Por qué demoré tantos años? Hasta hace un tiempo creía que era por falta de tiempo o por mala suerte, pues siempre que decidía por fin hacerlo “sucedían cosas” que me obligaban a postergarlo una vez más.

 

Pero ahora tengo claro que no, que todas esas eran simples excusas para esconder una creencia subconsciente que tenía arraigada: simplemente no me creía capaz de hacerlo bien.

 

¿Cómo lo sé? Pues en estos últimos años no he parado de cuestionar todo, de abrir mi mente y mi corazón a nuevos conceptos, de desaprender para volver a aprender, de probar y equivocarme (esto último lo he hecho con una frecuencia de locos), de arriesgarme y caer, de eventualmente acertar, de desanimarme, de patear el tablero y mandar todo al carajo, de volver a centrarme y probar otros caminos.

 

Devoré libros, artículos y videos sobre el poder del subconsciente, las creencias autolimitantes, la perseverancia, las metas, el éxito, la felicidad. Me volví fan de David Fischman, Harv Eker, Napoleón Hill, Stephen Covey, Louise Hay, Mark Fisher, Bryan Tracy, Walter Risso, Deepak Chopra, Osho, Wayne Dyer, Buda, Robin Sharma, etc.

 

Probé diversas terapias como Renacimiento (o Rebirthing), Esenios, PNL-Programación Neuro Lingüística, Biodescodificación, me inscribí en seminarios de desarrollo personal, estudié un curso de terapias energéticas, me imbuí en filosofías espirituales como el Budismo, Ciencia de la Mente, etc. y finalmente terminé estudiando Coaching.

 

Todo eso representó para mí un aprendizaje intensamente enriquecedor que me llevó a mirar mi interior, a hurgar en mi infancia, en las frases limitantes que escuchaba en casa (la vida es dura, el dinero se consigue solo con sacrificio, hay gente que nace para los negocios, etc.), en las clases de religión del colegio ultra católico donde estudié la secundaria, y en MI ADOLESCENCIA MARCADA POR EL ALCOHOLISMO DE MI PAPÁ.

 

Y en cómo todo eso se estaba manifestando en mi vida, en las experiencias que estaba creando: problemas de salud, altibajos económicos, un matrimonio inestable, ansiedad, insomnio, irritabilidad, insatisfacción personal y otras perlas.

 

Hoy no puedo asegurar que todo eso ha sido 100% solucionado, pero es innegable a la luz de mi realidad que ha habido (y sigue habiendo) una mejora notable cuyo origen se debe principalmente a un descubrimiento maravilloso –que podemos llamar DESPERTAR DE CONSCIENCIA de cómo funciona realmente la vida y de dónde está la fuente de todo, la solución de eso que llamamos problemas y la clave de una vida quizás no perfecta, pero mucho más abundante, plena y satisfactoria.

 

Y aunque ese tesoro es algo evidentemente espiritual, está muy alejado del dogma que enseñan las religiones. No va por ahí.

 

Por eso escribo este blog, porque todo esto es algo que no me puedo guardar. Merece ser compartido. No lo inventé yo, simplemente soy uno de los felices aprendices, de los privilegiados (aunque muy erráticos) practicantes.

 

Como lo puedes ser tú si decides abrir tu mente a otras posibilidades y pensar por un momento que las cosas quizás no son como siempre creíste, o como te enseñaron.

 

¡Que tengas una excelente semana!

 

Namasté.

 

Fernando Morán Barton.